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La arrogancia de nuestros escritores,
elude el desengaño: su capacidad crítica
está mermada por un engolosinamiento de campanario.
Sin interrogaciones ni dudas, carece de voluntad de sabiduría.
Su lenguaje está confinado a sus propias limitaciones.
Habría que volver al papel del asombrado lector, para recobrar
la primigenia humildad, para poder engendrar y destruir a través del lenguaje.
Esta retahíla de atributos negativos del escriba a la moda, resulta penosa
para quien también se dedica a la escritura y quizás es este lenguaje desengañado el que confiere valor al libro de Raúl Romero Auad. En algunos textos suyos, reacios a toda clasificación, encontramos el ejercicio de esta capacidad crítica y la deserción de una banalidad trabajosamente establecida por los creadores al uso.
Algunos juicios de Romero son insolentes, por eso son clarividentes,
larga vida a esta negación de la infatuación.
Gracias.
Humberto Quino M.
21 de diciembre 2005
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