domingo, 4 de abril de 2010

EDITORIAL UNO REVISTA QUINTO SOL AGENDA ALTERNATIVA

Mucho se está hablando sobre el “fin del mundo” y su relación con las profecías y cálculos matemáticos y astronómicos realizados por los Mayas. Este “fin del mundo”, malinterpretado así por los sensacionalistas y utilizado por los comerciantes de la información, la tecnología y el cine, en realidad se refiere al cumplimiento de un ciclo cósmico, un giro de nuestro sistema solar en este pedacito de galaxia en que estamos, que corresponde al momento en que salimos de la parte oscura del ciclo, y, el año 2012, entraremos en lo que se denomina el Amanecer Galáctico, o sea, según los Mayas, el Sexto Sol, lo que tendrá consecuencias en nuestros comportamientos, en la búsqueda de elevar nuestra conciencia como humanidad y transitar a una nueva relación de los seres humanos con la Madre Naturaleza, con nuestro entorno y con el Universo, lo que nos indica que un nuevo Orden Mundial de mayor equilibrio y bienestar está en proceso. Es necesario que cada uno de nosotros aportemos con un grano de luz a este nuevo ciclo galáctico, en el que estamos todos inmersos. Quinto Sol Agenda Alternativa tiene por objeto aportar a la construcción de esa nueva humanidad.

RAÚL ROMERO AUAD / DIRECTOR

miércoles, 30 de diciembre de 2009

INVITACION

Gracias por entrar a este blog!! Deseo a todos Uds. que tengan
buenas fiestas de fin de año, pero sobre todo que hagamos una verdadera reflexión sobre nuestro papel, nuestro lugar en este hermoso planeta: La importancia que tenemos cada uno de los seres humanos, hijos del Universo y de la luz.
También deseo invitarles a ver Entradas Antiguas, algunas no han perdido vigencia, como la que se llama: "Dios y otros versos", "Un cine para despertar", Aforismos ... y otros. Un gran abrazo, Raúl

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Una propuesta lúdico - literaria: Petrus, un lugar no tan inexistente Parte I

Se trata de encontrar al azar, en un diccionario por ejemplo, dos o más palabras con las que debes construir una historia. El texto que sigue es un ejercicio con las palabras POLDER e INDEHISCENTE.


Petrus, un lugar no tan inexistente (Parte I)

Cuando desembarcamos, la arenosa playa que se extendía realmente muy poco hacia el centro de la isla, terminaba abruptamente en una especie de muro, de unos 3 metros de alto. Este muro estaba construido de un material bastante sólido, pero era desconocido para nosotros. Tenía aspecto de ser piedra, pero se veía que había sido preparado con alguna sustancia parecida al cemento y mezclada con algún tipo de planta, pues pudimos observar la marca de una hoja, más bien, su imagen pues no era una huella, sino que se notaba su figura debajo de la superficie de la piedra. Caminamos siguiendo el uniforme muro para ver si había una puerta o una abertura que nos dejara pasar al otro lado, pero no encontramos nada parecido, de modo que uno de mis tripulantes ayudado por un marinero joven trepó hasta el borde y con algo de esfuerzo logró encaramarse en la cima, mientras nosotros permanecíamos atentos. El hombre estuvo varios segundos mirando al otro lado, quieto, tal vez paralizado, pero no dijo nada.
–¿Qué hay? ¿qué viste? –le grité. Se dio la vuelta tratando de contestar, pero sólo me miró y apuntó al otro lado.
Entretanto, varios hombres se dieron modos para subir y los que llegaban arriba ayudaban al resto.
Cuando todos estuvimos encima pudimos ver una extensa planicie con manchas de vegetación separadas por grandes charcos que no eran agua, precisamente, sino un material gris, viscoso, espeso, aunque reluciente. Creímos ver pequeños montículos que salían en algunos lugares de los charcos. Al fondo, a un par de kilómetros de allí, se podía ver una cúpula dorada que brillaba y destellaba con los rayos del intenso sol de la mañana.
Empezamos a avanzar lentamente, cuidando cada paso en ese incierto terreno. De pronto, en el borde del pequeño espacio en el que me movía vi que salía algo de esa agua densa, pantanosa, me acerqué con prudencia y pude comprobar que lo que emergía era el brazo de un hombre, cuya mano crispada agarraba fuertemente unas briznas largas y secas de… pasto?, no lo sé, pues tenían unas flores extrañas, con un color indefinido, entre gris azulado con bordes amarillentos: eran plantas desconocidas que habían crecido en los espacios de húmeda tierra por donde nos deslizábamos. Alguien lanzó un grito aterrador.
–Es un hombre –dijo–, un muerto.
–Allá, en el medio del charco, hay otro cuerpo –gritó otro.
–No se separen –ordené–. Aquí ha sucedido algo extraño y tenemos que averiguarlo.
Con una rama seca, uno de mis hombres empujó el cadáver y quedó atónito.
–¡Está duro como una piedra! –dijo.
Me aproximé para ver el cuerpo e hice lo mismo con la rama: ¡Era una piedra! Me acerqué para ver más de cerca y noté que el cadáver estaba envuelto en una fina capa de… piedra! Debajo podía verse su piel, sus vellos. Estaba semi desnudo, sólo llevaba un taparrabos.
–¡Todos en fila –ordené–, tú, marinero, irás por delante con mucho cuidado!
A medida que caminábamos, pudimos comprobar que los montículos que vimos en los charcos, eran cuerpos petrificados que flotaban en la espesa sustancia.
Al fin, después del medio día, llegamos a un puente del mismo material, que conducía a la entrada de la construcción de cúpula dorada. Entramos forzando la derruida puerta y nos encontramos en una sala parecida a un laboratorio. Sobre robustas mesas fijas en el piso habían mecheros, pipetas de cristal, tubos de ensayo, botellas con líquidos de diversos colores. En las paredes habían anaqueles con viejos y polvorientos libros y papeles enrollados.
Entré un una habitación contigua y allí encontré apiladas, amontonadas, una gran cantidad de aquellas extrañas flores. El olor era penetrante y nauseabundo. En otra habitación, igualmente abandonada, encontré víveres, es decir granos, frutas secas y semillas. Mientras tanto, uno de mis hombres dio con una escalerilla que conducía a la cúpula, subió muy cauto y cuando estuvo arriba gritó: “¡este lugar está lleno de objetos extraños!!”
Fui a ver. La escalera estaba construida con el mismo material del muro, aunque relucía al contacto con la luz. La cúpula era en realidad una especie de observatorio. Desde una abertura en forma de ojiva pude observar detrás de la construcción varios muros construidos con el extraño material, ahora derruidos.
Una larga mesa apoyada en un rincón estaba repleta de artefactos de todo tipo, tamaño y color. Alcé uno pequeño, a simple vista parecía un reloj. Pronto me di cuenta que se trataba de una brújula, aunque tenía más de una aguja. Seguí levantando objetos, unos grandes y otros pequeños, todos habían sido confeccionados con una exquisitez digna de una elevada cultura, además, eran instrumentos útiles para la navegación, la medición de las horas, el estudio de los astros.
En una alacena empotrada en la pared encontramos bellos tejidos, telas finísimas, con filigranas de colores cambiantes y con bordados maravillosos.
Revisé algunos libros, desplegué algunos rollos y me sorprendió ver que todos estaban manuscritos. Tenían figuras, dibujos, fórmulas. No pude descifrar los caracteres, aunque me pareció conocido aquel alfabeto. No era tinta corriente la que usaron para escribir. Al inclinar los papeles, los caracteres cambiaban de color, casi desaparecían, se tornaban azul brilloso, luego verde amarillo, igual que las flores.
Al fondo de la sala uno de mis hombres tiró de la tela que cubría un mueble.
–¡Es algo parecido a un espejo! –dijo.
Me aproximé y vi que la superficie era lisa, pero algo opaca, gris. Mi reflejo era perceptible, aunque borroso y no conservaba la distancia: estaba como detrás de la superficie. Levanté un manuscrito y lo puse frente al espejo, que de pronto reflejó claramente la escritura. Me acerqué un poco y pude leer lo que decía, pues el espejo me mostraba de modo correcto la imagen.
Lo que estaba escrito, que deduje era una pequeña parte de algo más completo y con seguridad más desconcertante, era lo que sigue:
“de modo que nuestros sabios hicieron pruebas, mezclando estas esencias. Es probable que la ciénaga contenga algunos elementos minerales o de otra índole, que contribuyen a la obtención de este magnífico producto…”

Me percaté de un pequeño símbolo hecho de puntos y rayas registrado en una esquina del papel, por lo que deduje que, si estaban en los demás rollos, sería una forma de numeración.
Comuniqué a mis hombres mi descubrimiento, poniendo énfasis en la importancia que podría tener para la ciencia y para la sociedad.
Después de organizarlos nos pusimos a revisar estante por estante la información contenida en los dispersos manuscritos, registrada por los seres que allí vivieron, con la finalidad de completar la información y buscando coherencia, tomando en cuenta los símbolos.
Comimos algo de la fruta seca y enseguida emprendimos la tarea de armar los manuscritos. Efectivamente, todos ellos tenían los signos en el borde, de modo que empezamos a ordenarlos siguiendo de alguna manera la cantidad de puntos y rayas.
Me senté frente al espejo y empecé a desplegar los rollos, mientras mis compañeros se daban a la tarea de buscar coherencia, apilar, juntar y luego entregármelos.
Al leerlos supe que, quien los había escrito, había hecho una relación de los acontecimientos, desde que decidieron quedarse en ese lugar, el casual descubrimiento de la sustancia que se convertía, al secarse, en piedra. La construcción del muro o dique de contención y, finalmente, la catástrofe causada por la invasión de plantas que crecieron devastando el espacio de tierra cultivable.
Decía uno de ellos:
“Cuando nos asentamos aquí, pudimos cultivar todo tipo de grano y cereal comestible en los espacios de tierra fértil donde crecían unas extrañas flores indehiscentes, que arrancamos y lanzamos a los grandes charcos de agua estancada y pantanosa. Pasaron algunas lunas y la marea subió desmesuradamente al punto que anegó nuestros terrenos cultivables y ya cultivados. Después de esto, nos dimos cuenta que las aguas del pantano cambiaron de color y se volvieron más densas. Nuestros sabios recogieron muestras y las almacenaron para determinar el por qué de la transformación. Pasaron varios días estudiando su composición y pudieron verificar que la sustancia podía moldearse a gusto. No obstante, incomprensiblemente, dejó estupefactos a nuestros mayores científicos tornándose sólida hasta petrificarse y convertirse en rocas durísimas, tanto que podían utilizarse para construir nuestra ciudad.
Nuestro soberano, al ser informado del hallazgo y enterado de los pormenores, ordenó construir con la piedra moldeable un dique en la playa con la finalidad de resguardar de las altas mareas nuestras tierras de cultivo, convirtiendo así el lugar en un pólder.”
Esto estaba escrito en varios papeles a los que pudimos dar continuidad. Faltaban varias hojas y nuevamente armamos un grupo correlativo, en el que pude leer:
“Una larga temporada cultivamos y cosechamos exquisitos productos de esta fértil, maravillosa tierra, hasta que un día, lunas antes de la marea alta, nuestros cultivos amanecieron totalmente secos, podridos y en su lugar habían crecido con toda su fuerza ingentes cantidades de las plantas con las flores gris azuladas, destruyendo nuestra cosecha, arrasando nuestros terrenos.
No pudimos detener el crecimiento de estas enigmáticas plantas. Algunos de nuestros agricultores, trataron de arrancarlas mientras brotaban insistentemente aquí, allá, y, en su desesperación, se sumergieron en los charcos, de donde ya no pudieron escapar.”
En cuanto leí estos manuscritos, en voz alta, mis hombres, en su mayoría supersticiosos e ignorantes, me dijeron: “Salgamos de aquí, capitán!”
Pidiéndoles calma y movido por la curiosidad, decidí leer en el extraño espejo otro manojo correlativo de los manuscritos que lograron juntar mis atemorizados hombres.
“(…) al darnos cuenta del poder que ejerce la salina agua de mar en el ciclo vital de estas flores, y al saber lo extremadamente difícil que es destruir la piedra obtenida de esta sustancia, después de una larga deliberación, nuestros sabios aconsejaron a nuestro soberano organizar el abandono, la partida de todos nosotros, el viaje, el escape hacia otro paraje donde construir nuestra ciudad.
Si alguien está leyendo esto, deberá tomar en cuenta nuestro consejo: aléjense de inmediato de esta impredecible tierra.”
Ordené a mis hombres mantener la calma, no tocar nada que no sean provisiones y, dadas las horas, tener paciencia, descansar esta noche, reponer fuerzas para abandonar la isla al amanecer.
Mientras mis hombres buscaban acomodo, cubiertos con las telas que encontramos, guardé en mi morral todos los objetos de navegación que creí necesarios para orientarnos y dejar al alba este extraño lugar.

Lobo del cambio. L. P. 2008
(Continuará...)

domingo, 2 de agosto de 2009

Padre nuestro que desconocido espera


















Padre nuestro que desconocido espera
La ciencia algún día definir
Mientras los humanos pierden la fe
Fundamento de tu divino poder
Déjanos encontrar la armonía
Entre tu energía y la nuestra
Purifica nuestro espíritu
Para cumplir la voluntad del Movimiento
De la quietud y de la expansión
Alimenta nuestras almas
Con buenas vibraciones
Déjanos caer en la tentación
De la Creación y el Arte
Mas líbranos de la mala onda
De los ciegos del Ego Falso
Del empeño por adocenarnos
De los esclavos de la carne
Y de la materia escudriñada en vano.
Amén.

Rawulf (Lobo del Cambio) Oct. 2008

viernes, 7 de noviembre de 2008

Un cine para despertar


La película The Matrix, de los hermanos Wachowski, llegó en un momento en que terminaba el S. XX y se vislumbraba un nuevo siglo en el que era necesaria una nueva propuesta cinematográfica en todos sus componentes. Matrix lo hizo, pero sobre todo, replanteó el tema de el ser humano inmerso en un sistema que le es casi inmanente pues, como dice Morfeo en la película, “la Matrix está en todas partes”, en el mismo aire que respiramos, en el hecho de pagar los impuestos, en el de tener una rutina, un trabajo, una forma y un horario; la alimentan y son alimentadas por ella las masas adormiladas y sin tiempo para despertar, conformes con la vida que les ha dado la Matrix, pues ésta crea necesidades y da, a la vez, la oportunidad de satisfacerlas, si no se salen de las reglas. Por otro lado, no todo ser humano está conforme con esa vida, con su vida, como nuestro héroe, que ha emprendido una búsqueda de algo que en el fondo es la búsqueda de “la verdad”. Esta verdad es en realidad un despertar de la conciencia, que sabe intuitivamente que hay algo más, que el ser humano es algo más que un ente de producción y reproducción.
La búsqueda emprendida por Neo –nombre clandestino del personaje (símbolo y metáfora de hombre Nuevo), que es llamado, formalmente, en la compañía en la que trabaja: Mr. Anderson[1]–, es una búsqueda emprendida con la propia tecnología que ha devenido en la creación y recreación del Sistema. Neo se vale de las computadoras, de las redes que interconectan al mundo aparente, la Matrix.[2]
En este punto hago las primeras relaciones con otra película, que fue mi favorita durante mucho tiempo (y lo es aún): Brazil, la película, de Terry Gilliam, que tuve oportunidad de ver el año 1985. En ella, el protagonista vive en un mundo tecnologizado y es sometido a una rutina creada por el sistema, estructurado y encarnado en el Estado, quien controla, tiene registrado y manipula a cada uno de los habitantes de ese futuro.
La película tiene una historia doble, que es la misma, pero que en la segunda es una parte que el sistema no ha podido reducir ni controlar, es la parte onírica de los hombres, del hombre, del personaje que sueña.[3] En su repetido sueño él es un héroe, con armadura metálica, con alas metálicas que mueve agitando los brazos y que le permiten desplazarse por el cielo, entre densos y oscurecidos nubarrones, donde se encuentra en una jaula que flota entre sedas y nubes la mujer que ama y desea liberar, la mujer, pues, de sus sueños. “Abajo”, en medio de inmensos bloques de cemento surgidos con violencia de la tierra, edificaciones frías, caminan grupos de seres encadenados que llevan una máscara que los convierte en entes con el mismo rostro. Es ahí donde está el Monstruo de rostro metálico, el Guardián del Sistema, el Custodio de las cadenas y también de la jaula, el horrible Guerrero Gigante que lleva armadura, casco y una gran lanza que atravesará a todo aquel que ose salirse de las reglas que ha instaurado el Sistema. Nuestro onírico héroe “baja” y con su pequeña espada (su estatura es tal que le llega no más arriba de la cintura al inmenso monstruo) se enfrenta arremetiendo, pero cada vez que está cerca de asestar un corte el monstruo desaparece para reaparecer en otro inesperado lugar, lo cual le da grandes ventajas para herir al héroe y tirarlo por el suelo. Es en ese momento cuando el monstruo, decidido a acabar con su inmensa lanza en el pecho del héroe, clava con fuerza. No obstante, con un instintivo movimiento, el héroe esquiva el golpe, la gran lanza penetra el cemento, el gigante intenta sacarla y no puede, mientras la pequeña espada del héroe hiere una de sus piernas. El monstruo desaparece dejando su arma clavada en el piso. El héroe, de un salto trepa a la parte alta de la lanza y con el peso de su cuerpo logra sacarla del piso. El Custodio vuelve a aparecer y arremete contra su oponente en el momento en que este clava la lanza en el centro de la armadura del Gigante. Es así como lo vence y libera de la jaula a la mujer que ama.
Creo que esta es la parte central de la propuesta, pues, si hacemos una lectura algo más profunda de la metáfora, entendemos que sólo puedes vencer al sistema con su propia arma.
Esta temática, si quiere llamarse así a una propuesta visionaria y hasta revolucionaria, podemos encontrarla planteada de diversas maneras en una buena cantidad de películas. Podríamos citar, tal vez como una de las primeras, Metrópolis, de Fritz Lang, película censurada en su época y que fue exhibida con gran cantidad de “recortes”, además de cerrarle muchas puertas en la naciente industria cinematográfica a este gran director. Otras, en las que no es necesario extenderse, las nombro a continuación, sin orden cronológico: THX, la primera película de George Lucas; The Truman Show, en la que Jim Carrey mezcla en su personaje un ser totalmente común y cotidiano, que emprende lo que podríamos llamar el despertar de la conciencia, la búsqueda de su libertad; Blade Runner, maravillosa película en la que cualquiera de nosotros podría identificarse con esos personajes llamados replicantes, película basada en el libro “Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”; La Isla, que toca el mismísimo tema, pero utilizando una posibilidad de la ciencia actual: la clonación; incluso podría nombrar otras dos, pero que requieren un análisis y un por qué para estar aquí, y son: El piso 13 y Dark City.
En verdad (y aunque parezca contradictorio con lo que escribí más arriba), son pocas las películas (los escritores, guionistas, directores) que han llevado a la pantalla gigante visiones tan puntuales, en las que el protagonista es el ser humano, que no está conforme con el Sistema y emprende una búsqueda, intuitiva, onírica, ontológica, al fin, pero siempre o casi siempre subversiva, revolucionaria, liberadora, que lo llevará a estar dispuesto a entregar la vida por esa causa y, por el otro lado, a ser señalado (prontuariado, fichado, perseguido, acusado) como delincuente, criminal, terrorista.
La intención final de este breve artículo es una esperanza: que cualquier película de las citadas aquí, u otra que se haya pasado por alto, despierte en el espectador la búsqueda emprendida por sus protagonistas.



Rawulf – Lobo del Cambio
Raúl Romero AUAD

NOTAS:
[1] Nombre que dudo sea fruto del azar. Su pronunciación en inglés implica y significa “hijo de abajo”, o sea, nacido debajo de.
[2] Se puede añadir que en las redes globales, en las que busca Neo, hay otros que, como él, no están conformes, que han emprendido su propia búsqueda y que están horadando, creando huecos, infiltrando información, etc. para destruir la Matrix.
[3] En The Matrix, quien ayuda a Neo a salir de la Matrix, recalcando que sólo le ofrece la verdad, es Morfeo, nombre del dios mitológico del sueño.

viernes, 4 de julio de 2008

DIJERON…

Después de escuchar a Jorge Ortiz, gran actor boliviano, leer un poema –o algo parecido a ese abusado formato literario– en una radio local, entendí que “para ser maraco, en una sociedad cerrada como la nuestra, hay que tener los huevos bien puestos!! y… hay que ser bien machito.” (sic). (J. O.)

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“Fui actor, director, me gané el premio nacional de teatro y, ahora, dejo todo eso atrás. Me di cuenta que si no ejerzo el Arte en mi propia vida, en cada uno de mis actos, es mentira todo y yo, ¡soy un falso, no soy yo!” (Tupac)

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“Mis padres me indujeron a leer, lo hice y aun lo hago, es más, soy un poeta y un escritor; pero, ay de mi, no me enseñaron a pensar. Estoy viejo, he vivido lo más que pude, tengo ahora una memoria prodigiosa, conozco el nombre de todos los autores, sé conducirme por el camino de la buena literatura, devoro volúmenes magníficos y los cito (mi escudo está hecho de las letras de otros –y también de las palabras de otros: las atrapo en las charlas y son luego versos y aforismos–), a veces mi entorno aplaude la vastedad y el alcance de mi memoria. Otras, insoportablemente, ojos abiertos como las palabras mismas, tal vez seres que no leyeron tanto como yo pude, discurren sobre irresolutos temas que arrastra la humanidad y apuntan certeros al centro de su corazón (a la vez que del mío). Y el mío, herido desde siempre, sin asidero alguno, destila el miedo que provoca su luz sobre mi sombra. Mi literatura es un interminable lamento. Ciego al fin, sin medir nada (pues es lo único que tengo), pierdo lúcidos, transparentes amigos, trocándolos por seres que me alaban. Quiero decir, que me sostienen, que alargan mi caída a la boca de la muerte.” (J. B.)

––

“Yo, que soy la Jefa, para mantenerme en el cargo, me he vuelto cómplice de los desmanes, incumplimientos, vaguezas, mediocridades e inoperancias de mis subalternos!! ¡¡Dios me libre de una jefa como yo!!” (mi jefa)

jueves, 8 de mayo de 2008

LA SEÑAL


Cada nueva explicación del mundo nos aleja de éste y nos lo oscurece. Mis referencias no son las suyas. Hablo en el vacío. —A. Monterroso, la letra e.

Acomodarse al mundo no es mala señal
una necesidad nos empuja del vacío a la nada
de la nada al encuentro con el mundo,
meterse en el mundo es virtud
pero es un peligro.

Fuera del mundo éramos los dueños del mundo
para serlo nos habíamos quedado dentro de nosotros.

Se manifiesta el peligro
cuando ya dentro del mundo
nos miramos desde su centro
y nos vemos solos
afuera.

Son espejos los que retienen nuestra imagen
cuando estamos dentro del mundo
y nuestra mirada no puede penetrar mas allá de sí misma.

Mi imagen es el mundo.

Fuera del mundo sé que mi imagen no es el mundo.

Dentro del mundo mi imagen es el límite del mundo.

Fuera del mundo
mi imagen se confunde con el cosmos
y mi límite es el infinito.

Sólo así
comprendo el mundo.

Tengo ansiedad por conocer el mundo
y es el mundo
que me aleja de su conocimiento
a través de mi imagen.

Estoy más cerca del conocimiento del mundo
estando más cerca del cosmos
más cerca de mí.

Rawulf (Lobo del Cambio)

lunes, 18 de febrero de 2008

COMIC ESCRITOR


Es reconocible???

El escritor



Estaba, como suele ocurrirles a los escritores, con un lápiz en la mano, frente a una página en blanco, buscando la primera frase con la que empezaría el relato. La luz de una lámpara danzaba redonda sobre la mesa. En medio del silencio de la habitación y de los ruidos que llegaban del exterior escuchó un susurro que le decía: “Apoya el lápiz en el papel, te dictaré un cuento.” Salió de su abstracción y escudriñó su entorno. No encontró nada. Volvió a mirar la hoja en blanco y buscó una vez más la frase que deambulaba en su mente. “Hazlo”, volvió a escuchar. Casi automáticamente apoyó la punta del lápiz en la parte superior de la página:
“—Georgina, atenta al camino de tierra, conducía con cuidado su “peta” azul. A los lados del camino habían arbustos medianos y podía distinguir a cierta distancia sembradíos, casas solitarias y algunos árboles, cercos y alambradas. Al fondo, cerros azulados de suaves formas, cuyos contornos tenían aún un extraño brillo que anunciaba las sombras.
—Ya debo estar cerca —se dijo—, es raro no haber visto gente hasta ahora. Quisiera saber si estoy en el camino correcto. Encendió las luces y aceleró un poco. “Estoy cansada”. “Me dijeron que hay un puente antes de entrar en el caserío”.
El escritor se detuvo y miró alrededor, luego posó su mirada en el papel y leyó lo que había escrito. “Qué extraño”, se dijo, “no era esto lo que quería escribir”. Pensó un momento. “La verdad es que me intriga a dónde se dirige esta mujer; el lugar en el que se encuentra creo haberlo visto”.
—Continúa —dijo el susurro.
“—Un conejo marrón saltó al camino de entre los arbustos y se quedó inmóvil un momento mirando a Georgina. Ella frenó de golpe y vio los grandes y atentos ojos colorados del animal, que huyó veloz entre las piedras en medio de la oscuridad que se extendía por la campiña. “Qué susto!”, dijo. El motor del carro se apagó de pronto. Las luces de la peta dibujaban el camino sinuoso frente a ella. Se bajó un momento y escuchó paulatinos los sonidos que salían de la oscura vastedad del campo. Reinaba la noche. Miles de estrellas se agolpaban en silencio. Al fondo distinguió una luz amarillenta que oscilaba flotando en soledad.
Arrancó el auto y condujo por el camino que tenía delante.
“Qué estupidez, podía quedarme hasta mañana en la ciudad, dormir en un hotel. Ah, bañarme un buen rato, comer, tomar algo.” De pronto giró: un puente de madera colgaba sobre una quebrada seca. Era angosto, pero supo de inmediato que podía resistir el peso de su peta. Hizo un cambio de caja y pasó lentamente. Miró el reloj digital que titilaba verde en el tablero. “En realidad es temprano”, pensó al ver que marcaba las siete y dieciséis, “tengo un poco de hambre”.
El escritor se levantó, fue hacia la cocina, abrió el refrigerador y sacó una pequeña fuente de plástico. La metió en el horno de microondas: “Un poco de lasaña está bien”. “¡Qué coño estoy haciendo!, me vine al campo, quiero organizarme y, al menos, producir mi puta obra. Y ahora, estoy escribiendo algo que no sé siquiera de dónde viene, cuál es su final!” Se sirvió una copa de vino, bebió un sorbo y se asomó a la ventana. “¡Cuánta oscuridad afuera! La luz de la entrada debe ser lo único que se distingue en este lugar.” Bebió otro sorbo y volvió a su mesa de trabajo. “A ver…” Ninguna voz, ningún susurro, sólo el silencio de la noche. Leyó el último párrafo y escribió:
“—Georgina aceleró decidida a llegar pronto a la luz. “Pediré que me den un sitio para pasar la noche: mañana sigo el viaje.”
El escritor dejó de escribir y escuchó. “Es el ruido de un motor. Qué extraño. ¡Viene hacia aquí! ¡Lo que me faltaba! Al menos quisiera terminar esto.” Se levantó, alzó la cortina y miró desde la ventana dos faroles acercándose. “Parecen miradas perdidas”, pensó, “y parece que me miraran”. El carro se detuvo a unos metros de la puerta. El escritor dejó su copa al lado de los papeles, tomó una linterna y salió. La silueta de una mujer caminó hacia él: “Hola!”, dijo, “qué bueno encontrar una casa. Creo que estoy perdida.” El escritor, sin moverse de su sitio, mantuvo la luz delante de ella. La mujer se paró a unos metros y él pudo verla: joven, jeans, botines de viaje. “Hola!”, repitió ella. “Hola”, dijo el escritor al fin. “¿Qué estás haciendo por aquí…?, ¿quién eres?” Movió la linterna en varias direcciones: no había nadie más, ni nada.
—No debí venir hasta mañana —dijo la mujer—, la verdad, no sabía…
—Pasa, por favor —dijo él sin saber qué más decir.
Entró a la casa. Ella lo siguió.
—No quiero molestar, pero la verdad es que vi la luz…
—No, no. Está bien. Siéntate, por favor. En realidad estoy sorprendido. Nadie viene por acá.
Ella se sentó en una silla, cerca de la mesa y miró alrededor.
—¿Quieres un poco de vino? —dijo él mientras vaciaba un chorro en una copa. Se la alcanzó—. Estaba a punto de comer algo y, la verdad, comer solo…
Ella bebió un sorbo.
—¡Ah, qué bueno! —lo miró parado, indeciso—. ¡Gracias!
El silencio se movía lento entre los dos y la penumbra.
—Si hay un lugar cerca donde pueda pasar la noche… —dijo ella de pronto.
—El pueblo está cerca, pero será mejor que te quedes. Tengo un sofá-cama…
El timbre del horno pasó por la habitación diluyéndose como una gota aérea de metal.
El escritor fue hacia la cocina, sirvió la lasaña en dos platos y volvió.
—Comamos —le dijo—, y me cuentas qué estás haciendo por acá.
Empezaron a comer.
—Está deliciosa. ¡Lasaña en medio de la nada!
—¿Te gusta?, la hice en la mañana —bebió un poco de vino—. Entonces… qué haces “en medio de la nada”.
—Llegué ayer a la ciudad. Por trabajo. Tengo que hacer una entrevista para la revista del domingo. No tengo mucho tiempo y me dijeron que “mi personaje” se fue al campo. Así que decidí seguir su rastro. ¡Los escritores “noveles” ¿Sabes algo…?
—¡Eh!, qué!... No…, yo… —dijo desconcertado el escritor.
Ella no dejó que terminara lo que intentaba decir:
—Ni siquiera leí la novela, pero ¡trabajo, es trabajo! —Alzó un trozo de la pasta que se deshizo en el aire y cayó salpicando con densas gotas de salsa los papeles que separaban ambos platos. Ella se levantó de un salto y buscó en sus bolsillos un pañuelo, algo con qué limpiar el tomate que parecía una herida.
El escritor, que la había mirado estupefacto, se levantó de pronto.
—¡No hay problema!, no te preocupes, son sólo unas notas —tomó una servilleta de papel y, sin pensar, la pasó torpemente sobre la mancha. Las letras, las palabras, la escritura se extendió en una mancha mayor, confusa, indefinida, ilegible, húmeda.
—Lo siento, lo siento —dijo ella sin saber qué hacer—. Creo que lo arruiné todo.
El escritor agarró los papeles, los dobló, arrugó y los tiró al cesto de mimbre que esperaba en un rincón.
—Ya ves —dijo—, no tiene importancia.
—Creo que es mejor que me duerma —dijo ella— estoy cansada por el viaje.
El escritor preparó la cama. Ella se quitó los zapatos, se acostó vestida y le dijo: “Buenas noches, espero que duermas bien”.
Desde su cama, inquieto, él se animó a preguntar:
—No me dijiste tu nombre.
Ella giró y se arropó hasta el cuello buscando su lugar:
—Georgina —dijo, y el silencio, más denso que la noche, cayó invadiendo los ojos abiertos del escritor.

Mezclado el nuevo día con la sombra, suavemente ondulaba su luz impetuosa sobre el rostro de Georgina, despertándola.
El escritor, sentado frente a ella, la miraba. Ella se levantó y se sintió incómoda al verlo:
—Debo irme —dijo, levantándose de un salto—. Gracias de nuevo. Estaré en el pueblo.
El salió tras ella y se detuvo en la puerta.
Antes de entrar en el carro, ella lo miró y agitó el adiós con la mano, repitió: “¡Gracias!”.
El escritor alzó su mano abierta y miró perderse en la arboleda la peta azul de Georgina.

Cuentito de la tarde




El sonido electrónico del celular y la vibración del aparato en su cintura, hizo sonreír a Javier, que aún no se acostumbraba al cosquilleo provocado por el rítmico movimiento.
—Aló —dijo sin saber quien llamaba, pues su antiguo celular no contaba con identificador de llamadas.
—Hola, guapo —dijo una voz femenina, con acento español— por qué no me llamaste, estuve esperando.
—Hola, hermosa! —dijo Javier, al reconocer a Marianela al otro lado del moderno ionófono—. Qué bueno que llamaste, la verdad es que la computadora absorbió mi cabecita y mi tiempo, pero pensé en vos.
—Chiquillo!, tenéis tiempo en la tardecita? ¡Tengo unas ganas de ir al sauna! Necesito compañía, hombre.
—La verdad es que no lo sé todavía, pero me parece que mi cuerpo lo está pidiendo… —dijo, revisando mentalmente su agenda y pensando en estar cerca de esa belleza que apenas empezaba a conocer—. Déjame llamarte a eso de las 3, vale? —Dijo esto último como un reflejo en busca de compatibilidad.
—Vale, chiquillo —dijo Marianela—. Un beso, venga.
Colgaron.
Javier miró por la ventana y vio pasar dos colegialas en uniforme: zapatos con hebilla, una faldita muy breve que dejaba ver la frescura de sus pieles. “Seguro que algún profesor influyó en el diseño”, se dijo. “A ver…, tengo una entrevista a las dos y media, luego…”, “luego ¡nada!”. Estaba todo bien, excepto por la conversación telefónica de la mañana con uno de sus socios que, en realidad, se había transformado rápidamente en una acalorada discusión, al punto que el socio le dijo: “Veámonos ahora y ¡te saco la mierda!!” Javier le dijo “¡no tengo tiempo!” —quería decir “para esas bajezas”—y se acabó el crédito del maldito teléfono. “¡Seguro que este boludo va a creer que le colgué! ¡Mierda!”
Empezó a alistar la mochila. Introdujo la agenda, el puto celular, un pequeño micrófono corbatero, la cámara de video, una memoria flash, una camperita y la cerró. Tomó las llaves, el trípode, miró un momento alrededor y salió. Era el medio día.
Caminó hacía el centro en medio de la turba de gente y autos que piteaban repitiendo un verso de la última canción de una noche bohemia, que decía:

“se mueve el mundo en la tempestad”

y

“el día es un puerto donde iré a parar,
a encallar mis barcos sin velas...”

compró crédito para el teléfono y llamó a tres amigos, uno a uno, con la intención de no almorzar solo en algún restaurante impersonal, nadie contestó. “Joder. Ni modo”. Se metió en uno cercano al lugar de la entrevista y comió entre anotaciones de las preguntas que haría. Miró de a ratos la Tv. en la que informaban parcial y sesgadamente los acontecimientos del día. Se sintió impotente al saberlo y no poder hacer nada o casi nada. Salió rápidamente, como había entrado y vio que aún tenía una hora para su cita. Se metió a una Internet, conectó el flash al computador y escuchó música. Revisó su correo electrónico: artículos para corregir, eventos culturales, spams que eliminar. Mandó una carta y pensó en Marianela.
Hizo la entrevista y aliviado llamó de inmediato a la españolita.
—Hola, estoy libre y creo que me hará bien acompañarte al sauna. ¿Dónde nos vemos?
A la media hora estaba en la recepción del sauna, los olores de las hierbas flotaban en el aire húmedo. Pasaron unos minutos y vio entrar a Marianela vestida con una calza negra que dibujaba su pequeño pero hermoso cuerpo. Ambos, que no se habían visto hacía un tiempo, se iluminaron y entraron a los vestidores:
—En realidad yo me tengo que desvestir —bromeó Javier.
—Qué, traes puesto el pantalón corto?
—No, hermosa, la verdad que me puse una mallita que usaba en mi adolescencia, no encontré otra cosa. Hace tiempo que no iba a un sauna.
Rieron.
Después de guardar las mochilas bajaron unas gradas y lo primero que encontraron fue una piscina de aguas azules, donde unos niños chapoteaban, jugaban y reían. Unos letreros al lado de las duchas indicaban: “Sauna de vapor”, “sauna seco”. Marianela se quitó la toalla que la envolvía y Javier miró el pequeño bikini que resaltaba su belleza.
—Dónde nos metemos primero?
—Al de vapor, majo.
Entraron. En medio de la densa agua que flotaba se distinguían unas cuantas siluetas de gente mayor, en su mayoría gordos, pero también de algunas muchachas jóvenes y esbeltas que conversaban y reían.


Estuvieron a intervalos entre el seco y el vapor. Charlaron, rieron, se contaron cosas de sus vidas y se acercaron primero rozándose los brazos, Javier le pasó sobre la piel una crema que suavizó el cuerpo de Marianela y al fin se besaron suavemente. Algo de sorpresa reflejaron sus ojos cuando se miraron. Volvieron a reír, cómplices.
Se metieron en la piscina y Javier la abrazó un poco: “Tengo mariposas en el estómago”, dijo ella. Cuando salieron, la noche brillaba en la calle.
—Tengo hambre y estoy muerta —dijo Marianela haciendo un gesto de desvanecerse—, comamos un perro caliente.
—Con una cerveza —asintió Javier—, vamos a mi casa, está a dos cuadras.
En su casa, Javier preparó vasos, platos y servilletas. Comieron y bebieron conversando.
—¿Cantarás la canción que me prometiste? —dijo ella, mientras encendía un cigarrillo.
Javier afinó la guitarra y cantó modulando:

“Caminar contigo es una maravilla,
salir un momento a tomar un café…,
qué hermosa es tu alma,
qué bello es tu espíritu”


Marianela lo miró, se levantó y, dirigiéndose al cuarto, le dijo: “Me echaré un ratito, mientras cantas”. Javier la siguió llevando la guitarra. Cantó sentado a su lado, en el borde de la cama, en la penumbra de la habitación.
—¡Es hermosa! —dijo Marianela. Javier dejó la guitarra, se acercó, se besaron largamente y acarició su piel suave. Besó sus senos redondos y se desnudaron lentamente. Se miraron y se rieron, volvieron a besarse y se amaron desnudos despidiendo un olor nuevo. Mientras se amaban sonaron los celulares de ambos, uno primero, luego el otro, cada teléfono con una música aguda, electrónica, delirante.

martes, 20 de noviembre de 2007

El latido


Bruno Acrata

Caían las hojas meciéndose en el aire y se posaban perfectas en la tierra húmeda de la orilla del río.
En medio de la arboleda parecido a una sombra humedecida caminaba sediento Pedrosky. ¿Por qué estaba ahí? Es lo que menos sabía.
Después de varios días de caminar bajo el sol amarillo, se encontraba envuelto por un aire que acariciaba su piel y por una brisa que se enroscaba en sus vellos.
“En este valle hermoso, tiene que haber agua”, y se metió en la umbra vegetal.
Las frondas movedizas sobre su cabeza desentrañaban el ruido que tiene el silencio.
Se detuvo un instante y escuchó, en un lugar incierto, el insistente, salpicado himno que canta el agua.
¿La hora?
No lo sé.
Caía la tarde arrastrando un manto negro.
Siguió su latido.
Las aguas claras empezaban a destellar los afilados dientes de la luna.

30 oct. 2007

Me basta



Bruno Acrata

Me basta con que el sol aparezca por el horizonte una vez al día y que la hierba simple crezca sin ruido y se crispe al contacto con la brisa, que las aves se posen en una diminuta rama, en un tejado o donde mejor les plazca y no tengan disyuntivas con el aire, que lo disfruten volando a favor. Me basta despertar sin necesidad de nada más que abrir los párpados y dejar entrar la luz a mi alma con sólo eso. Me basta el agua que corre por el mundo ofreciéndose a manos llenas. Me basta mi cuerpo para trasladarme. Caminar es suficiente, sin apuro, sin búsqueda, mirando el mundo y el cielo y, en la noche, me basta con la maravilla de descubrir el universo brillando en la oscuridad y contemplar las formas de su luz y los dibujos de las estrellas, imaginar miles de millones de mundos.
Me bastan las leyes naturales y sólo poder volar, como buen humano, en mis sueños. Me basta la vida.


Abril 2005

sábado, 15 de septiembre de 2007

COMIC DEL ....
















Se nos murió Fontanarrosa, pero Boogie...

Aforismos de Lichtenberg


Aunque un poquito tarde (?) Aquí lo prometido:
Primera entrega de aforismos.


Georg Christoph Lichtenberg (1742 – 1799), se ganó la vida dando clases de física en una universidad alemana, escribiendo almanaques, “esos copiosos libros que contienen de todo: la moda y los ciclos de la luna”.
En unos cuadernos fue apuntando sus comentarios a lo largo de los años. Sabiduría, profundidad, humor y, al fin, burlas contra las “maneras” necias de los hombres.
Era apenas lo suficientemente alto para que no lo llamaran enano; tenía una joroba y, para disimularla, aprendió a escribir con gis dándole la espalda al pizarrón. Era hijo de un pastor protestante aficionado a la astronomía. El don de lenguas le vino del padre, quien una vez habló desde el púlpito acerca de la ciencia astronómica de su época. Su auditorio, un templo de campesinos ignorantes, le pidió por favor; “Vuélvanos a hablar de estrellas”.

He aquí algunos de sus aforismos.


EL HOMBRE EN LA VENTANA
FRAGMENTOS AUTOBIOGRAFICOS



Sé que he pensado mucho más de lo que he leído; por eso ignoro muchas de las cosas de las que el mundo sabe. Al estar en sociedad me equivoco con frecuencia y esto me inclina a la timidez. Si pudiera decir todo lo que he reflexionado, íntegro, tal y como está en mí, no hay duda de que obtendría el aplauso del mundo, pero ciertas cosas no se pueden extirpar de un modo provechoso.

Ω


He notado que tengo una opinión acostado y otra parado [...]



LA MENTE Y EL CUERPO


Decir “el alma está en mi cuerpo” o “dentro de mí” es un curioso giro idiomático. Habría que decir “soy esto”. No se dice “la redondez está en la esfera”. Es la similitud lo que nos seduce. La identidad es algo objetivo; sólo la similitud es subjetiva.

Ω


Los hombres más sanos, más hermosos y mejor proporcionados son quienes están de acuerdo con todo. En cuanto se padece un defecto se tiene una opinión propia.

Ω


He notado que las personas cuyos rostros tienen cierta falta de simetría, con frecuencia poseen las mentes más agudas [...]

Ω


El espíritu se vuelve más uniforme a medida que se desprende de lo corpóreo; en cambio, a medida que se le aproxima, las diferencias se vuelven más frecuentes (dije lo mismo en relación con los planetas).

Ω


Cuando el espíritu se eleva, el cuerpo se arrodilla.

Ω


La muchacha tenía unas manos pecaminosamente hermosas.

Ω


Cuando uno es joven apenas sabe que está vivo. La idea de salud sólo se adquiere con la enfermedad. Advertimos que la Tierra nos atrae por el impacto de la caída. Si el envejecimiento se interrumpe, ese grado de enfermedad se convierte en una especie de salud y uno ya no nota que está enfermo. Sin el recuerdo de la salud pasada no se percibiría el cambio. Por eso creo que los animales sólo envejecen en nuestros ojos. Un erizo que el día de su muerte lleva una vida de ostra no es más infeliz que la ostra. Pero el hombre que vive en tres niveles, el pasado, el presente y el futuro, puede ser infeliz cuando uno de ellos se arruina. La religión incluso a introducido un cuarto: la eternidad.



SACERDOTE DE SI MISMO


Dios creó al hombre según su imagen. Posiblemente esto significa: el hombre creó a Dios según la suya.

Ω


Nuestro mundo llegará a ser tan refinado que creer en Dios resultará tan ridículo como hoy en día creer en fantasmas.

Ω


Un país de iglesias hermosas y casas en ruinas está tan perdido como uno de iglesias ruinosas y casas palaciegas.

Ω


¿Creéis acaso que el buen Dios es católico?

Ω


Hay una especie de ventriloquia trascendental con la cual los hombres pueden aparentar que algo dicho en la Tierra viene del cielo.

Ω


Dios realmente debe querernos mucho, pues siempre aparece cuando hace mal tiempo.

Ω


En el mundo, los santos han logrado más en escultura que vivos.

Ω


¿Es nuestro concepto de Dios algo más que una personificación de lo incomprensible?



EL LENGUAJE Y OTRAS MANCHAS DE TINTA


En nuestros poetas de moda es demasiado evidente que la palabra genera la idea. En Milton y Shakespeare el pensamiento siempre crea la idea.

Ω


Se diría que nuestros idiomas han enloquecido. Cuando queremos una idea, nos ofrecen una palabra; cuando exigimos una palabra, nos brindan una raya, y donde esperamos una raya, hay una obscenidad.

Ω


Esto debe servirme de advertencia. Como aquel gran escritor francés, de ahora en adelante no daré nada a la imprenta sin que antes lo lea mi cocinera.

Ω


El pensamiento aún tiene demasiado espacio libre al expresarse. He señalado con el mango de un bastón lo que debía haber señalado con la punta de una aguja.

Ω


Se diría que el señor S., que entró a la fama por el portal de la historia, quisiera escapar de ella por la portezuela de la poesía.

Ω


La escritura es excelente para despertar el sistema que dormita en cada hombre; cualquiera que haya escrito habrá notado que al escribir siempre se despierta algo que hasta entonces conocíamos de un modo impreciso y que sin embargo yacía en nosotros.

Ω


No estaría mal un libro de primeros auxilios para escritores.

Ω


Siempre es preferible darle un tiro de gracia a un escritor que perdonarle la vida en una reseña.

Ω


Decir mucho en pocas palabras no significa hacer primero un ensayo y luego acortar los párrafos, sino reflexionar sobre el asunto y expresar lo mejor de la reflexión, de tal modo que el lector inteligente distinga que algo se ha suprimido; significa, en realidad, dar a entender, con un mínimo de palabras, que se ha pensado mucho.

Ω


Siempre prefiero al hombre que escribe como se puede poner de moda, al que escribe como está de moda.

Ω


Si alguien escribe mal, qué más da, hay que dejarlo escribir. Transformarse en buey aún no es suicidarse.

Ω


No hagas un libro con temas que en realidad cabrían en un artículo de una revista, ni un párrafo con dos palabras. Lo que un imbécil dice en un libro sería tolerable si lo pudiera expresar en tres palabras.

Ω


Uno se resiste a hacer un cucurucho para la pimienta con una página en blanco. Si está impresa, uno la usa con agrado.

Ω


Leer equivale a tomar prestado; inventar, a saldar cuentas.

Ω


Darle el último toque a una obra, es decir, quemarla.

Ω


Un libro es como un espejo: si un mono se asoma a él no puede ver reflejado a un apóstol. Carecemos de palabras para hablar con los tontos de sabiduría. Ya es sabio quien entiende a un sabio.


ÁNGELES Y ANIMALES


Así se reirán de nosotros nuestros primos: el ángel y el mono.

Ω


Con frecuencia he visto a las cornejas paradas en los lomos de los cerdos mientras éstos apacentan, en espera de que desentierren un gusano para volar, atraparlo y regresar al lomo. Hermoso símbolo del compilador que desentierra y del escritor astuto que se lo apropia sin gran esfuerzo.

Ω


También los animales de caza huyen más del estruendo de la escopeta que de la bala.

Ω


Nada más seguro para la mosca que colocarse en el matamoscas.

Ω


Que el hombre es el ser supremo también se deduce de que ningún otro ha tratado de refutarlo.



LA BARBARIE ILUSTRADA


La mucha lectura nos ha brindado una barbarie ilustrada.

Ω


No es que los oráculos hayan dejado de hablar: los hombres han dejado de escucharlos.

Ω


En verdad hay muchos hombres que leen solo para no pensar.

Ω


Un maestro de escuela no educa a individuos, educa a un género. Esta idea merece un atento análisis.

Ω


No son las mentiras francas sino las falsedades refinadas las que entorpecen la expresión de la verdad.

Ω


A lo más que puede llegar un mediocre es a descubrir los errores de quienes lo superan.

Ω


Para ella la virtud consistía en (como creo que dice Crébillon) en arrepentirse de los errores más que en evitarlos.

Ω


Es cierto que ya no quemamos brujas, pero a cambio quemamos cada carta en la que se dice una verdad incómoda.

Ω


Comerciaba con tinieblas en pequeña escala.

Ω


El hombre tenía tal entendimiento que ya casi no servía para nada.

Ω


Hay gente que cree que todo lo que se hace con cara seria es razonable.



EL CUCHILLO SIN HOJA, AL QUE LE FALTA EL MANGO


El primer americano descubierto por Colón hizo un descubrimiento atroz.

Ω

Amarse a sí mismo al menos tiene una ventaja; no hay muchos rivales.

Ω


En la actualidad se incluye a mujeres hermosas entre las virtudes de sus maridos.

Ω


Dios, que le da cuerda a nuestros relojes de sol.

Ω


Los relojes de arena no sólo nos recuerdan el rápido transcurrir del tiempo, sino también el polvo en el que alguna vez nos convertiremos.



FIGURAS


El primer paso de la sabiduría: criticarlo todo; el último: soportarlo todo.

Ω


El hombre es una obra maestra de la creación, tan sólo porque a pesar de todo su determinismo cree que actúa como ser libre.

miércoles, 13 de junio de 2007

EXTRACTOS

Amigos:

Estoy preparando una cantidad de extractos de EL LIBRO DE LAS MARAVILLAS de Marco Polo, realmente tiene cosas increibles y bellas, las publicaré muy pronto.



También una colección de aforismos de varios autores, entre ellos Lichtenberg, Cioran, Notas de Paul Valery, hasta Julio Barriga va a estar...



Por último, tengo una gran cantidad de textos que fueron reunidos para hacer una publicación TEMATICA, fueron recopilados por J. C. R. Quiroga y por mi, el primer tema escogido (de algún modo por Juan Carlos) fue DIOS, luego vendran: Las Putas, La Muerte, el Amor, Las Mujeres, etc. etc. etc.



Me gustaría saber que opinan, pues si publico es para Uds. Si no hay cuorum, prometo cerrar este Blog.

lunes, 23 de abril de 2007

Adiós y hasta pronto

Por Raúl Romero Auad

Siempre habló de la muerte, aunque hablaba de la vida. Supo que su vida era eso que ya no podía dejar de ser y de hacer: poesía. Se dejó arrastrar nomás por el torrente que le tocó vivir, aferrado a un lápiz y a cualquier pedazo de papel:


¿Acaso
algún día
podré ordenar tantos
papeles
–recibos
de servicios
confundidos
con poesía?

El desorden
De la muerte
Es eso.


Murió en un hospital al medio día del lunes rodeado de sus familiares y, sus amigos, unos cuantos en Tarija, no lo supieron hasta la tarde.

Dijo un día:

Mi vida
Se va
Hundiendo
En las profundidades
Del pulgar
Y
el índice.

Cárcavas
De soledad
Y
De olvido.

Pero sabemos que acaba de despertar su alma y que estará muy viva por un buen tiempo entre nosotros, tal vez más allá de nosotros.

El 9 de abril de 2007, al medio día se quedó apacible en aquel lecho de soledad, pero no de olvido. Es una pena que no pueda ver florecer su alma a través de su poesía y de su muerte.

Aseguro que la congregación de las letras, las antologías, la búsqueda de versos iluminados que no conocimos, los artículos, las anécdotas y todo lo que puede hacer surgir a los vivos por tu muerte, no te dejarán en paz, y eso no está tan mal, Roberto Echazú, poeta querido.

jueves, 29 de marzo de 2007

Es Poniendo (Buena Leche)

Hay artículos de los cuales uno no puede sustraerse y son menester difundir. Aquí les va uno del Ojo de vidrio.
Por Ramón Rocha Monroy

Cierta vez, este servidor hacía cola en un banco, cuando fue requerido por una señorita bella y sonriente que traía un encargo: "El gerente desea hablar con usted." Dejé la fila, por supuesto, porque a un gerente no se hace esperar así nomás, y una vez que me senté en su despacho y acepté un cafecito, el buen amigo me dice: "Estoy enojado contigo, no me has regalado tu libro." "Ah, caray", pensé, "qué descuido." Y le prometí una próxima visita con el libro debidamente dedicado. Creo que se lo llevé y luego salí de su despacho con la satisfacción del deber cumplido. Pero ahora me encuentro con una anécdota inquietante que dice lo siguiente: "Alguna vez, cuando vivía, una persona llegó al cubículo de Roland Barthes, en La Sorbona, para hacerle una consulta respecto a cierta manera de interpretar el texto desde el punto de vista estructuralista. Barthes dio la explicación solicitada (lo cual le llevó una hora de su tiempo) y el visitante, satisfecho, se iba a retirar. Antes de que eso ocurriera, Barthes le dijo: "Espere un momento". El visitante respondió: "¿Para qué?". "Para que le entregue mi recibo y me pague los honorarios generados por esta consulta", respondió Barthes, extendiéndole el mencionado documento. El personaje se molestó, pues no imaginaba que un humanista le cobrara una consulta, pero tuvo que pagar más o menos lo mismo que le hubiera cobrado un médico." En otra ocasión me citó un ejecutivo de una institución muy importante, cuyas oficinas quedan un poco alejaditas, de modo que el taxi me costó como 8 pesos, pero llegué puntual. Me recibió con una amplia sonrisa y me dijo que era de su interés entregarme una documentación para que yo escribiera la historia de un evento importante para su institución, y consultó luego cómo debíamos proceder. Le dije que firmáramos un contrato, con un pago inicial del 50 por ciento y el resto a la entrega del trabajo. De inmediato vi que se desconcertó, y luego, disimulando un gesto de contrariedad, me dijo: "Hazlo así nomás. Total, esto va a significar una consagración para tu carrera." Le dije que lo pensaría y, segundos después, me hallaba al borde de una carretera, buscando otro taxi que me costaría otros 8 pesos. Lo mismo pasa cuando te citan a un programa de TV. "Señor, tiene que estar aquí a las 7 menos cuarto". Te levantas a las 5, te duchas, te vistes, llamas un taxi, llegas puntual, ingresas a estudio, te ponen un micrófono, una locutora sonriente, simpática, pero histérica por el paso de los segundos, te saluda, te hace una pregunta, y cuando estás tratando de contestarla te interrumpe con un comercial, y listo. Te sacan el micrófono, no tienen tiempo de despedirte, sales a la calle, buscas un taxi y te preguntas qué putas haces ahí parado, solo, duchado a hora tan temprana y sin saber dónde ir a desayunar. Refiriéndose a Roland Barthes, un periodista mexicano comenta: "Esta anécdota es ejemplar: hay quienes suponen, por extrañas razones, que la experiencia profesional humanística o artística no es digna de generar honorarios" […] "Total, ¿qué es escribir, traducir, restaurar, dar clases, pintar o componer música?, ¿qué es tejer, hilar, cocinar, cosechar? Para quienes ganan dinero, usufructuando esas habilidades ajenas, nada, aunque no las sepan hacer."

martes, 27 de marzo de 2007

Presentación de "En las Delicias de Campo Esmeralda" en Tarija

El viernes 9 de marzo, se presentaó el libro en la Casa de la Cultura de Tarija, hubo vinito de rigore. Previamente, el autor exhibió el video documental "Los sueños del Dorado Chico" con éxito entre el público tarijeño.

René Antezana, poeta, vive para fortuna de los chapacos en el valle tarijeño. El escribió este textito, para todos Uds.

Pronto les mostraré unas lindas fotos y tal vez me anime a copiar lo que dijeron los medios...

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Las esmeraldas de Raúl Romero

René Antezana Juárez

Quiero agradecer a Raúl, amigo y cómplice en letras y utopías, la invitación para compartir la presentación de su hijo primerizo que lleva el nombre de “En las delicias del campo esmeralda” . Libro que apellida, como diría Sabina, “Búqueda y visiones”, que son, en realidad, las esmeraldas de Raúl y sobre las cuales intento este boceto como un primer acercamiento sincero a su libro no sin antes felicitarlo por su guagua como es menester en estas ocasiones.
Raúl Romero Auad es de esos buceadores que desean encontrar algún tesoro en la hondura de un cielo plagado de signos de interrogación y de abismos donde las palabras están a punto de quebrarse o definitivamente se quiebran.
El libro “En las delicias del campo esmeralda” es el resultado de un corazón/alma que se adentra en un bosque y a la vez en un desierto de palabras donde, como en Alicia en el País de las Maravillas puede el lenguaje ofrecerte un té de no cumpleaños o un juego fatal de azar. Pero esta no es una aventura: es la pasión escritural de Romero que está signada por la búsqueda de un más allá de sus intensiones / tensiones. Es por esta razón que encuentro que el libro contiene , diríamos, habitaciones diversas que van desde ensayos y reflexiones breves, poemas, cuentos, fábulas y lo que cada lector puede finalmente concluir desde su propia lectura. No es un libro de poesía, tampoco lo es de cuentos, no es de ensayos ni de prosa poética. Es todo eso y algo más.
Quizá lo que más llama la atención de esta obra es el uso de lenguajes que van desde lo coloquial, directo y casi transparente a convocaciones y evocaciones poéticas que se acercan a escrituras mas bien cercanas al guiño, a la puerta entreabierta, al espejo con niebla. Encuentro ecos de Gil de Biedma por su aparente sencillez pero signados por honduras melancólicas y solitarias que se cuestionan sobre la condición humana.
Existe por ello como una transversal en buena parte del libro que es un permanente acto de autocuestionamiento sobre lo que es y debe ser el ejercicio del escritor, que se pregunta sobre el acto de crear frente al acto de producir; aunque aparentemente similares tienen connotaciones muy diferentes. A partir ello es posible comprender el por qué Raúl busca , cuestiona, se responde, se vuelve a interrogar frente a lo que denominamos finalmente como ese abismo y a la vez espacio de seducción que es la página en blanco, el acto de escribir. Dice por ejemplo:

“Las palabras tardan en salir
Mi Brother está en desuso
Apretar las teclas despierta
Una máquina que ilumina”

La máquina es el escritor, el poeta, que emerge de las interrupciones cotidianas , de los desencuentros y el desencanto para ser de pronto esa máquina sale de su vértigo sometido y se libera mediante la escritura.
De esta forma Raúl Romero construye a la vez que deconstruye sus voces y sus fantasmas. Así, el acto de escribir es un acto de convocación; acercándose a lo que el filósofo español Salvador Pániker afirma: “aunque suene paradójico, uno escribe para enterarse de lo que quiere escribir”.
Pero no se queda ahí. De ese universo con habitaciones ante la escritura y desde la escritura asume una visión crítica de su entorno, de la sociedad actual, del mundo contemporáneo sobre todo urbano; que además parece decirnos entre líneas que hay otro lugar más habitable y solar, más humano y más libre en todos los sentidos. Ese mundo gris es pues cuestionado e ironizado cuando dice, por ejemplo:

“El cielo está mas lejos que nunca y dios es una idea sin contornos definidos. El diablo es una figura hermosa que no existe. El infierno está en la tierra , bajo la apariencia de la desazón y la ausencia. El cielo ya no es un cielo puro, el paraíso está contaminado y dios se ha esfumado – ha escapado a través de una pantalla de televisión”.

El mundo urbano, la utopía escindida de sí misma, el hombre escindido, ya lejos de toda forma divina, atrapado en lo que no es o en lo que nunca pudo ser.
De esta manera el libro de Raúl Romero es una invitación a múltiples lecturas que de una u otra forma buscan exorcizar esa relación múltiple de luces y abismos de donde parece que no hay escapatoria. Quizá sólo aspirando a un retorno a los elementos primarios de la relación del hombre y la naturaleza, el punto de equilibrio entre la vida y la muerte, entre lo ascético y lo mundano, entre el sueño y la ilusión de la realidad que permanentemente nos engaña.
En su diversidad de habitaciones, esta casa de esmeraldas es una casa de ecos , gritos, salmos, llamadas telefónicas y guiños televisivos o de cuenta cuentos.
“En las delicias de campo esmeralda" termina siendo una caja de sorpresas donde los puntos altos, a mi juicio personal, son los poemas en los que el escritor busca respuestas dobles, es decir , donde haya luz y haya sombra.
Finalmente, señalar que en este boceto hay muchos temas que escapan y que sólo el lector podrá atrapar, saborear y seguir buceando en los enigmas y las certezas del libro de Raúl Romero Auad quizá repitiendo el poema en el que dice que todo esto fue nada más que:

“ un viaje al interior del lado oscuro
una exploración por mares subterráneos
una alquimia del alma
un fuego lento que nos consuma plácido
un retorno permanente al hueso de la naturaleza
un chuparle incesante
al tuétano de la vida”

Tarija, marzo 2007

martes, 26 de diciembre de 2006

Navidad, Dios y otros versos

NAVIDAD, s. Día apartado para consagrarlo a la glotonería, a la bebida, la sensiblería, la recepción de regalos, la estupidez en público, y quedarse en casa.

Ambrose Bierce, Diccionario del diablo, La nave de los locos, México 1977

En el centro puntual de la maraña
Dios, la araña
Alejandra Pizarnik, Obras completas, 1994.


Los Papalagi (los hombres blancos)

(…) El blanco se llama a sí mismo cristiano. Una palabra como una bella melodía. Un cristiano. ¡Oh, si pudiéramos llamarnos eso siempre! Ser cristianos significa amar a Dios y a tu hermano, y solamente entonces amarte a ti mismo. Amar, hacer lo que es correcto, debe ser parte nosotros como nuestra sangre, nuestra cabeza o nuestras manos. Los Papalagi llevan las palabras “Dios”, “amor” y “cristiandad” solamente en sus labios. Las ponen sobre sus lenguas y las hacen retumbar. Pero sus corazones y su amor no se inclinan ante Dios, sino ante objetos y ante máquinas. No están llenos de luz, sino de un deseo glotón por el tiempo y la insensatez de sus profesiones. Están diez veces más ansiosos por visitar los locales de pseudovida que por emprender la búsqueda de Dios, que está lejos, muy lejos.

Discurso de TUIAVII de TIAVEA – Jefe Samoano a su gente, 1929.



Canto 48

Ya he dicho que el alma no vale más que el cuerpo,
Y he dicho que el cuerpo no vale más que el alma,
Y que nada, ni Dios, es más grande para uno que uno mismo,
Que aquel que camina sin amor una legua siquiera, camina
Amortajado hacia su propio funeral,
Que tú o yo, sin tener un centavo, podemos adquirir lo mejor de este mundo,
Que el mirar de unos ojos o el guisante en su vaina confunden el saber que los tiempos alcanzan,
Que no hay oficios ni profesión tan bajos que el joven que el joven que los diga pueda ser un héroe,
Que el objeto más frágil puede servir de eje a todo el universo,
Y digo al hombre o mujer que me escucha:
“Que se eleve tu alma tranquila y sosegada ante un millón de mundos.”
Y digo a la humanidad
”No te inquietes por Dios;
Porque yo, que todo lo interrogo, no dirijo mis preguntas a Dios.”
(No hay palabras capaces de expresar mi postura tranquila ante Dios y la muerte.)
Escucho y veo a Dios en cada cosa, pero no le comprendo ni entiendo
que no hay nada en el mundo que supere a mi yo.
Por qué he desear ver a Dios mejor de lo que ahora le veo?
Veo algo de Dios cada una de las horas del día, y en cada minuto que contiene esas horas,
En el rostro de hombres y mujeres, en mi rostro que refleja el espejo, veo a Dios,
Encuentro cartas de Dios por las calles, todas ellas firmadas con su nombre,
Y las dejo en su sitio, pues sé que donde vaya
Llegarán otras cartas con igual prontitud.

Walt Whitman, Canto a mí mismo, 1999.



(…) Cuando Dios guarda todo en sus manos, no hay disputas y no hay necesidad. ¡Ahora los ingeniosos Papalagi quieren hacernos creer que nada pertenece a Dios! ¡Cualquier cosa que podáis agarrar con vuestras manos os pertenece! Pero cerremos nuestras orejas a tal charla sin sentido y aferrémonos al sentido común: todo pertenece a Dios.

Discurso de TUIAVII de TIAVEA – Jefe Samoano a su gente, 1929.

I
(...)

Somos nosotros parte de todo
y giran en nosotros partes
infinitamente pequeñas del cosmos
pues cada átomo mío es átomo del universo.



VI

(...)
Perplejo el hombre frente a la nada.
Todo y nada dejan de tener sentido:
Tenemos hambre.

El hombre
Complejo ser bajo las estrellas.

–Se agita en el día
al medio día busca la muerte
vive en la noche
escapando del día.


Raúl Romero Auad, poema del ser, fragmentos extractados de “en las delicias de campo esmeralda”, 2005.


miércoles, 13 de diciembre de 2006

Poema/caigo dentro mío

Caigo dentro mío
como una lluvia
cae en el abismo.

Cae el silencio
como piedra atormentada
como mudo que quiere decir.

Aplasta mi boca
una roca luminosa.
La palabra.

Pájaro muerto
la idea
brilla sol apagado.


Un rostro se diluye
en los perfiles de la imagen
nada es cierto en la oscuridad.

Me apago veta
de piedra preciosa.
Me hace y me mata.

Un destino me basta
ante los falsos próceres.